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Gemagia
Te quiero más
que a mi magia … Vida amorosa de los magos
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Te quiero más que a mis ojos
te quiero más que a mi vida
más que al aire que respiro
y más que a la madre mía.
Esta es la conocida letra de la conocida copla, Y sin embargo te
quiero de Antonio Quintero, Rafael de León y Manuel Quiroga.
Cuando estos grandes maestros la escribieron no estaban pensando en
la Magia pero esta rotunda y apasionada declaración de amor
bien podría ir dirigida al Arte de la Ilusión si proviniera
de un mago.
La Magia, el mago y su pareja forman un trío amoroso que
suena más o menos afinado a lo largo de la relación.
Pero como bien recoge otra famosa copla del saber popular, “es
muy difícil querer dos mujeres a la vez”…
Los magos, con su “corazón partío” y
a lo largo de la historia, han imaginado, inventado y creado fabulosas
ilusiones. Y si las mejores canciones de todos los tiempos se las
denomina “standars”, a los mejores e insuperables juegos
de magia se los cataloga como “clásicos de la Magia”,
es decir que, difícilmente se nos ocurrirían a cualquiera
de nosotros. Dicho así puede sonar a que nada ni nadie puede
igualar la imaginación de un mago. Quizá en su arte
nadie les supere, pero en asuntos del palo de corazones… ¡es
otro cantar! y algunas conquistas y trifulcas amorosas de algunos
magos han superado la ficción y a su propia gran imaginación.
Los magos en el papel de Don Juan
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Cardini (1896-1973) le pidió matrimonio
a su mujer sólo tres días después de
conocerla. Swan era entonces contable de un hotel cuando fue
a conocer a Cardini en los camerinos de un teatro. Ella aceptó
la propuesta y se convertirían en marido y mujer en
1926. Al año siguiente, Swan debutó como su
asistente vestida de botones de hotel, una profesión
muy relacionada con la que ella tenía de soltera. La
pareja se retiró de la escena en 1966.
Cardini y Swan
Si Cardini puede representar un ejemplo
de la rapidez de un conquistador y la durabilidad del matrimonio,
sus opuestos podrían ser Horace Goldin
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(1873-1939) que tardó treinta años en conquistar
a la que sería su esposa, y la pareja de magos Lance
Burton-Melinda Saxe que no lograron llevar sumatrimonio más
allá de unos meses. |
Horace Goldin fue víctima de un flechazo cuando conoció
a Miss Helen Leighton, una estudiante de arte dramático. Goldin
tenía veintiún años, era un apuesto mago y la
estrella del Orpheum. Goldin la invitó a su espectáculo
pero ella rehusó la invitación, no estaba interesada
ni en la magia ni en los artistas de variedades. A pesar de ello,
Goldin se propuso conquistarla y descubrió que a su enamorada
le gustaban los juegos de cartas. Aprovechó la ocasión
y le mostró varios tipos de mezclas que despertaron su interés
pero no hacia él. Goldin y su compañía siguieron
con la gira y se perdió el contacto, pero el mago no la olvidó
y años después, en 1914 coincidieron en Chicago, donde
Goldin le propuso matrimonio pero fue rechazado. Ocho años
después volvió a insistir con el mismo resultado.
Goldin no aceptaba el “no” por
respuesta hasta que en 1927 lo consiguió. Ninguna de
sus grandes creaciones mágicas le costó tanto
como la conquista de su gran amor.
Goldin cuenta en sus memorias que desde
entonces, Helen fue su gran apoyo, le ayudó en sus
actuaciones, en sus juegos nuevos y en sus experimentos. Goldin
finaliza su biografía, muy enamorado y rindiendo un
cariñoso homenaje a su esposa. Así fue como
Helen Leighton pulverizó en la intimidad el apodo de
Goldin: “El mago torbellino”, el mago que era
capaz de realizar ¡45 juegos en 17 minutos!
Esta romántica historia terminó en 1939 cuando,
Goldin fallece después del estreno en el Woodgreen
Empire Theatre de Londres.
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Los celos
Goldin hizo su última actuación
en el mismo teatro donde murió Chung Ling Soo veintiún
años antes de un disparo.
¡Bien imaginado! El juego que le falló a Chung
Ling Soo (William Ellsworth Robinson 1861-1918) fue el de
“la Bala atrapada”, también llamado “El
juego fatal”. Los enigmas, misterios y cambios de identidades
con los que llenó su vida William E. Robinson, llenaron
de un extenso corolario de versiones las causas de su muerte.
Se llegó a especular con la idea de sociedades secretas,
rivalidad entre magos y que éstos, arreglaron la muerte
accidental del mago y como no, con los celos como móvil:
se llegó a pensar que fue asesinado por su esposa Suee
Seen que sospechaba que su marido estaba enamorado de otra
mujer y que iba a abandonarla.
Los celos también fueron la causa para que un escapista
inglés de principios de 1900 llamado Hanco, se suicidara
por no soportar los celos que le provocaba su amante-asistente.
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En España
España fue escenario de diversas trifulcas mágico-amorosas.
En 1911, Luella Raymond (1885-1974) abandonó al Grand Raymond
con quien se había casado en 1905.
Y en el año 1956, la segunda vez que Fu-Manchú actúa
en Madrid, Khelmis, su primera asistente femenina desde 1951, le abandona
por el amor de una mujer.
Coincidencia de nombres
Chéfalo (1885-1963) se enamoró y casó dos
veces, ambas, con mujeres llamadas Madalena. Y dos esposas de grandes
magos llamadas Wihelmina recibieron de sus maridos magos la misma
última voluntad: quemar todo su legado a su muerte. Sus amantes
esposos no eran otros que Buatier de Kolta (1848-1903) y Hofzinser
(1806-1875). Y como sabéis, una Wihelmina fue más obediente
que la otra…
Adictas a los magos
También ha habido magas que han compartido su
vida sólo con magos. Frances se casó con Laurie
Ireland y después con Jay Marshall, Veronique fue
esposa de Richard Ross (1946-2001) y de Tommy Wonder (1953-2006).
Litzka se casó en 1927 con el Grand Raymond (1877-1948)
y en 1949 con Walter B. Gibson que para él fue su
tercera esposa, y tres maridos también tuvo Gerri
Larsen, fundadora del Castillo Mágico de Hollywood.
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Benita Anguinet
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También se han dado casos de magas que intentaron pretender
algún mago de una u otra forma. Nada claro está en el
reflejo de la historia de la Magia el tipo de relación que
mantenían Robert-Houdin y Benita Anguinet, una maga de gran
nivel. En las notas del mago se reflejan varios encuentros entre ellos
con lo que cabe la posibilidad de que Benita fuese una de sus discípulas
o que acudiera al maestro en busca de alguna opinión o consejo
profesional. Lo que hace sospechar que la relación fuese más
allá es que Benita, además de compartir un programa
casi calcado al de Robert-Houdin (1805-1871), su escenografía,
puesta en escena y accesorios eran exactos a los del gran maestro.
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Harry Houdini con su madre y su esposa |
Daisy White, una demostradora de magia de Nueva York que
usaba su escote con descaro detrás del mostrador,
hizo correr unas falsas cartas de amor de Houdini. Fue la
misma viuda, Beatrice Houdini (1876-1943) quien las descubrió
y desacreditó, al igual que había hecho su
marido con los falsos espiritistas.
La Magia también está repleta de parejas,
matrimonios, que conviven más tiempo en el escenario
que fuera de él. Algunas parejas maravillosas: los
Tomsoni, los Moretti, los Pendragons, los Falkensteins,
John Calvert y Tammy…
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Pero la vida en la escena no es un camino de rosas, como
se suele decir y por desgracia, también existen tormentosas
relaciones.
Hacia finales de 1800, el recién descubierto estado
hipnótico subió a escena como un nuevo tipo
de espectáculo.
Uno de esos primeros hipnóticos de la escena fue
Herbert L. Flint.
Con el tiempo, Flint descubrió que su número
era más rentable si lo ejecutaba su esposa que se
anunciaba como “la única hipnótica del
mundo”.
Mrs. Flint, atraía al teatro a grandes señoras
para admirar los sensacionales vestidos que lucía
en la escena. Un día, durante su gira (de 1890-1915)
el matrimonio discutió sobre el vestido que Mrs.
Flint había elegido para lucir en esa función.
Herbert la golpeó y Mrs. Flint cayó rodando
por las escaleras de los camerinos.Como consecuencia, Herbert
tuvo queactuar en solitario hasta que las heridas de la
cara
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de su mujer se
curaran, lo cual le supuso grandes pérdidas económicas.
Éstas son algunas historias de amor de magos, los profesionales
en secretos, por lo que no sabemos si alguna esposa ha oído
decir a su marido: “te quiero más que a mi magia”.
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